Cerco al dolor

Diez millones de españoles padecen un dolor crónico y se desesperan porque, ante la imposibilidad de determinar su origen, no se los toma en serio. Pero eso está cambiando. Por primera vez, la ciencia considera el dolor como enfermedad y no como síntoma. Y ha descubierto incluso que se puede readiestrar nuestro cerebro para reducir la sensación de malestar hasta en un 64 por ciento. El alivio está más cerca.

El cerebro de una persona que sufre dolor crónico presenta un aspecto distinto y funciona de forma diferente al de alguien que no lo padece. Esta afirmación, basada en las últimas investigaciones en biología molecular y genética y confirmada por las resonancias cerebrales cada vez más precisas, ha abierto un nuevo universo en el tratamiento de este tipo de mal. Se ha demostrado que el cerebro puede quedar dañado a causa de un dolor persistente y que llega a registrar ese sufrimiento cuando, técnicamente, nada lo está provocando, solo el daño cerebral en sí. Esta disfunción abre la posibilidad de métodos completamente nuevos para la eliminación o la mitigación del dolor, un hecho que han merecido una reciente portada en la revista Time. «Se ha dado un cambio en la consideración del dolor como experiencia puramente sensorial», observa el doctor Clifford Woolf, neurólogo en el Children´s Hospital de Boston. «En lugar de buscar la supresión del dolor como síntoma, hoy el mejor tratamiento es la prevención del dolor como enfermedad. Es una nueva forma de ver la situación y trastoca por completo nuestra comprensión tradicional del dolor.»

Se llama «dolor crónico» a aquel que persiste en forma de molestia, con picos de intensidad, una vez curada la afección que lo generó en un inicio de forma aguda. Se lo considera técnicamente crónico cuando dura más de seis meses y no hay tratamiento que lo venza.

La mayoría de los expertos coincide en que se trata de un fenómeno del sistema nervioso, pero solo en los últimos años se ha llegado a aceptar que no siempre tiene origen en una fuente física. En el caso de los amputados que aún sienten fuertes molestias en las extremidades seccionadas, el cerebro sigue registrando señales de dolor, por muy distorsionadas que sean. En el caso de los dolores crónicos, el problema se acentúa, pues en la mayoría de los pacientes no hay una causa o herida precisa y susceptible de tratamiento.

El problema puede tener origen en problemas tan corrientes como la artritis -una inflamación de las extremidades que las lleva a palpitar de incomodidad-, la fibromialgia -el descontrol de las señales del dolor revierte en la hipersensibilidad de las articulaciones, los músculos y los tejidos- o la neuropatía, un trastorno nervioso provocado por dolencias tan diversas como el cáncer o la diabetes. ¿Qué produce entonces el dolor crónico? Los expertos barajan tres causas principales: los componentes químicos del cerebro, los circuitos neuronales y la herencia genética. Vayamos de una en una.

En primer lugar, parte de la clave puede estar en los elementos químicos que bañan el cerebro y favorecen la comunicación entre las células nerviosas. Los pacientes de fibromialgia constituyen un caso revelador. Es frecuente que se quejen de profundos dolores y de fuertes molestias en las articulaciones, por mucho que en ellas no se den rastros de inflamación. Lo que sí suelen darse son bajos niveles de endorfinas en comparación con los individuos no afectados por la enfermedad. Las endorfinas vienen a ser la morfina natural del organismo y atenúan el dolor al actuar sobre los receptores de las células nerviosas susceptibles a los opiáceos. Al tener menos endorfinas, son más susceptibles de sentir dolor.

En segundo lugar, puede suceder que en los pacientes con dolores crónicos los circuitos neuronales estén alterados. Por ejemplo, existe un mecanismo de adaptación por el cual el dolor severo en una parte del cuerpo inhibe los dolores en otras áreas, y está demostrado que dicho mecanismo opera de forma deficiente entre las mujeres con fibromialgia. Es decir, si uno tiene dolores en el brazo y de repente sufre un fuerte pisotón en el pie, las molestias en el brazo remiten de forma temporal, pues el cerebro pone toda su atención en la nueva fuente de dolor. En el caso de los pacientes con dolores crónicos, dicho mecanismo está dañado o no existe.

Y en tercer lugar, y casi con toda seguridad, los genes desempeñan un papel en la respuesta al dolor. Las diferencias heredadas en el número, la densidad y el tipo de receptores-detectores del dolor pueden explicar por qué algunas personas son más sensibles al dolor.

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