Marianela Castés: “Existe una conexión entre el estrés y la aparición de una enfermedad”

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La fundadora de la cátedra de Inmunología de la Escuela de Medicina Vargas y directora de la Asociación Creando Salud explica cómo la psiconeuroinmunología hace la conexión entre el sistema nervioso central (psique), el sistema endocrino (hormonas) y el sistema inmune (defensas). Dice que en los talleres que imparte “muchas personas refieren eventos estresantes que están ligados al entorno del país”
Todo lo que ocurre en nuestra mente, en nuestra psiquis, va a influir directamente el sistema inmune y, por lo tanto, en la capacidad de defendernos“Todo lo que ocurre en nuestra mente, en nuestra psiquis, va a influir directamente el sistema inmune y, por lo tanto, en la capacidad de defendernos” | Sandra Bracho

Marianela Castés es una científica con todas sus letras. Estudió Química en la Universidad Central de Venezuela y luego cursó estudios en el Instituto Pasteur de Francia y en la Universidad de París VII, donde obtuvo su doctorado en Inmunología. Castés llegó a París unos años después del Mayo Francés. A su regreso de Europa, la inmunóloga comenzó a trabajar con Jacinto Convit. Le fue muy bien: desarrolló una larga y exitosa carrera en el área de la leishmaniasis.

Hasta que fue seducida por la psiconeuroinmunología. ¿Cómo decirle a Convit que cambiaría de área de estudio? “No es nada fácil dejar al doctor Convit. Armé una carpeta con toda la información que tenía sobre el tema y hablé con él.

El doctor Convit me preguntó: ‘¿Usted está segura de lo que está haciendo?’. Y yo le respondí: “Ay, doctor Convit, creo que a esta altura me he ganado el derecho de equivocarme”. A él le gustó la respuesta. Y le dijo: “Tiene mi apoyo”. El maestro le dio un espacio en el Instituto de Biomedicina para que instalara el primer laboratorio de psiconeuroinmunología del país. Hoy día, Castés, que fue la fundadora de la cátedra de Inmunología de la Escuela de Medicina Vargas, es directora de la Asociación Creando Salud.

–¿Por qué una investigadora como usted, formada bajo los cánones tradicionales de la ciencia, decide incursionar en un área que para algunos podría sonar como new age?
–La decisión fue producto de una experiencia personal: yo me enfermé; tuve un fibroma, que se presentó muy abruptamente, y me asusté mucho.

Terminó con una histerectomía. Cuando estaba operada en la clínica tuve la certeza ­no fue una creencia: fue una certeza­ de que ese fibroma, que un año antes no estaba allí, porque me había hecho mi control, era la consecuencia de un problema emocional que había vivido exactamente nueve meses antes. Y que lo viví con mucha rabia, con mucha tristeza. No lo manejé bien en el momento en el sentido de que no me permití contactar aquel dolor terrible que estaba sintiendo sino con más trabajo. Nunca fui tan productiva como ese año. Y nueve meses después tenía tres tumores enormes en el útero. Entonces, cuando salí de la clínica, como uno es científico, dije: “Tengo que investigar si a alguien se le ha ocurrido estudiar la conexión que existe entre un evento estresante y la aparición de una enfermedad”.

–¿Qué hizo entonces?
–Me fui a la biblioteca y busqué referentes científicos: encontré artículos publicados en Science, en Lancet, en The Journal of Immunology ­medios de gran prestigio internacional­ y me di cuenta de que había un cúmulo de trabajos científicos de una enorme importancia en esta área. Descubrí por esa vía la psiconeuroinmunología.

Aprendí que el sistema inmune estaba realmente regulado por nuestros pensamientos, por el manejo de nuestras emociones, por lo que creíamos, por los eventos estresantes que ocurrían en nuestras vidas. Entonces dije: “Si yo lo hubiera sabido, no me habría enfermado”.

Decidí que había que contárselo a la gente. Le escribí al doctor Carl Simonton (autor de Sanar es un viaje) y le dije que deseaba entrenarme con él. Me aceptó.

Cuando estaba en Los Ángeles descubrí al doctor George Solomon, un médico psiquiatra, padre de la psiconeuroinmunología, profesor emérito de la Universidad de California. El doctor Solomon, por cierto, vino a Venezuela a dictar la clase inaugural de la fundación de la cátedra de Inmunología de la Escuela Vargas. Así que de new age nada. La psiconeuroinmunología es una ciencia que llegó para quedarse.

–¿Cómo la definiría?
–La psiconeuroinmunología demostró científicamente que el sistema nervioso central (nuestra mente, nuestra psique); el sistema endocrino, que produce las hormonas, y el sistema inmunológico, que es nuestro sistema de defensa, comparten un lenguaje bioquímico común. Estos tres sistemas están en permanente comunicación entre sí: no ocurre nada en un sistema que los otros dos no lo sepan. Esta comunicación se realiza a través de moléculas, que los endocrinólogos llaman hormonas, que los neurocientíficos llaman neurotransmisores y que los inmunólogos llamamos citoquinas. El organismo realmente es una red informacional. La relevancia de esto es que si el sistema inmune es nuestro sistema de defensa, que nos protege contra microorganismos, bacterias, hongos, virus, parásitos y células tumorales, y ese sistema está íntimamente en comunicación con el sistema nervioso central (con la mente, con la psique), pues eso lo que quiere decir es que todo lo que ocurre en nuestra mente, en nuestra psiquis, va a influir directamente el sistema inmune y, por lo tanto, en la capacidad de defendernos contra microorganismos y contra células tumorales. Eso le da otra dimensión al sistema inmune.

Eso quiere decir que la forma como llevamos a cabo la vida, nuestro grado de felicidad con el trabajo, con la familia, con el medio ambiente, con el país, con la sociedad, con nuestra espiritualidad, todo eso tiene una influencia enorme sobre un sistema que es el que nos mantiene sanos.

–¿De qué modo ocurre el debilitamiento del sistema inmune?
–Cuando tú tienes un pensamiento, una creencia, un factor de estrés permanente, una emoción, se activa lo que llamamos el eje HPA: H de hipotálamo, P de pituitaria y A de adrenal (las glándulas adrenales). Al activarse éste, se producen unas moléculas que se llaman glucocorticoides, entre ellas el cortisol, una hormona del estrés. Todos los estudios que se han realizado in vivo e in vitro demuestran que el cortisol es un fuerte supresor de la respuesta inmune. Esto es por la vía neuroendocrina. Por la vía eléctrica, que también existe, se producen catecolaminas, se produce adrenalina. Este es el estrés en que vivimos: sales de tu casa, no sabes si regresas; es el estrés de los grandes ejecutivos. Esta adrenalina que se produce permanentemente también es un fuerte supresor de la respuesta inmune. Es decir que, ya sea por la vía neuroendocrina o por la vía eléctrica, produces moléculas en tus glándulas suprarrenales que te suprimen la respuesta inmune.

–Una de las creencias a las que usted suele referirse en sus artículos y talleres es la del determinismo genético.
–No vamos a desconocer totalmente el componente genético. Pero cada vez se le está dando menos peso. Antes se pensaba que el ADN se encontraba en el núcleo de la célula con un candadito y de ahí no podía salir. Esa información estaba allí y no cambiaba. Se pensaba que estábamos determinados genéticamente. Hoy en día se sabe, por los estudios de la llamada epigenética, que el ADN sí cambia. En aquel sistema de creencia, en un paradigma científico como ése, no le das lugar al ambiente. La epigenética señala que sí pueden ocurrir cambios en la transcripción de esa información. El ADN está recubierto por unas proteínas llamadas histonas que, ante un evento estresante, por ejemplo, se pueden abrir y dejar expuesto el gen malo. Se trascribe, se lee y ahí es cuando viene el problema. ¿Qué es el genoma? El genoma es una biblioteca que está allí. El genoma no tiene vida por sí solo. Es una información, son libros. O tú lees ese libro que tienes allí en la mano o no lo lees. Un gen se activa cuando tú lo lees. Un libro se activa cuando tú lo lees.

Puedes leer los libros prohibidos o puedes no hacerlo.

–¿En qué medida la polarización política y el clima de inseguridad que hay en el país están afectando la salud de los venezolanos?
–En los últimos años ha aumentado mucho la participación en mis talleres. Una de las preguntas que hago es: “¿Por qué están aquí?”. Sin pretender que esto sea un dato científico, cuando pregunto cuántas personas sienten que el estrés les está afectando sus vidas en términos de perder el sueño, cambios en la alimentación, cambios de humor, irritabilidad, pérdida del sentido de la vida, casi 90% levanta la mano. Asisten a los talleres buscando herramientas para evitar que toda esta situación los vaya a enfermar. Uno de los temas que tocamos específicamente en una sesión es los eventos estresantes que han tenido las personas de seis meses a tres años antes de la aparición de la enfermedad. Y es cada vez más sorprendente que muchas personas ­no tocamos, por supuesto, el tema político, no sería lógico en un ambiente de salud­ refieren eventos estresantes que están ligados al entorno del país. Bien sea porque fueron despedidos ­una de las cosas más importantes para el ser humano es el trabajo­ o porque perdieron a un familiar a causa de la inseguridad o porque secuestraron a toda la familia. Incluso, hay personas que se han ido afuera y que se han enfermado. No es fácil afrontar un país extraño, una lengua extraña, una cultura extraña. Sí, muchos eventos estresantes que la gente menciona tienen que ver con el país.

–¿Hay algún caso que pueda comentar de algún paciente que haya logrado una conexión exitosa con su sistema inmune?
–Recuerdo el caso de un estudiante de la Escuela Vargas que presentaba un cáncer mal llamado terminal, pero que tenía un sentido de la vida muy claro.

Un día, después de que se había curado, le pregunté: “¿Qué sentiste tú cuando te dijeron que te ibas a morir y qué fue lo que te hizo reaccionar?”. Y me dijo: “Doctora, nadie me puede dar plazos de vida, solamente el que está allá arriba”. Fíjate: retó el pronóstico. Y luego añadió: “Yo no me podía morir porque había cosas que yo quería hacer: yo quería graduarme de médico, yo quería tener hijos y yo quería volar en parapente”. Las tres cosas las ha hecho.

Eso del sentido de la vida cada vez cobra más fuerza. ¿Qué es lo que tú le estás diciendo a tu sistema inmune en este caso? Sistema inmune, ayúdame, yo tengo porqué vivir, yo necesito vivir, yo quiero vivir, yo encuentro alegría en vivir. ¿Qué le estás diciendo a tu sistema inmune? No producir cortisol, sino más bien endorfinas o algunos otros neurotransmisores que ni conocemos en el momento. Y el sistema inmune entiende perfectamente esa orden. El entonces estudiante de Medicina ha sobrevivido más de 15 años.

Está totalmente curado.

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