Lloremos. La maravillosa dinámica biológica del llanto.

de Bianca Atwell, el Lunes, 13 de junio de 2011 a la(s) 14:12

Mucha gente no conoce lo que significa llorar, y cómo este proceso funciona en nuestro cuerpo. El llanto es una función primordial de la gestión de nuestra salud, y lamentablemente ha sido bastardeada por las culturas occidentales con el sistemático “no llores”, “los hombres no lloran” , “¿no te da vergüenza ponerte a llorar por ésto?” y todas esas frases “educativas”, tóxicas y estúpidas que heredamos de nuestra supuesta evolución cultural. ¿Qué hay detrás de estas enseñanzas y de esta censura con el llanto?

Historia del llanto

Nuestras sociedades occidentales han sido muy influenciadas por las explicaciones de Darwin, sus hallazgos han gobernado la ciencia durante varios años aunque muchas de las opiniones de este científico ya han sido tiradas por la borda hace tiempo. Darwin pensaba que el llanto era una conducta para llamar la atención, una especie de alarma de las crías para recibir la atención de los mayores. En este aspecto, él consideraba que las lágrimas son señales de comunicación no verbal. El hecho de que las lágrimas sean reconocidas del mismo modo por todas las culturas, indica que el componente comunicacional está bien presente. Los perros por ejemplo se comunican unos a otros sus estados emocionales con la posición y el movimiento de la cola. Los humanos utilizamos varias expresiones faciales como la sonrisa o la cara triste, la espalda encorvada o erguida, dependiendo de lo que estamos sintiendo.

Aristóteles hablaba del llanto como de una función de limpieza, de catarsis, de purificación espiritual. Ovidio lo interpretaba como un canal de salida para la ira. El catolicismo, con su sistemática toxicidad, lo ha considerado como “una vía para limpiar los pecados”. Y en los tiempos de Aristóteles, comenzaba la discriminación sexual del llanto: “las mujeres lloran más que los hombres”.

En la época medieval, en los entornos médicos, se creía que el llanto era una forma de “secreción de humores del cuerpo”, una función de liberación de toxinas acumuladas en el cerebro.

En la época del romanticismo, ya se produce una apreciación muy marcada en toda la literatura e incluso en la pintura, entre “las lágrimas provocadas o fingidas y las lágrimas realmente sinceras”. En el siglo XVIII incluso muchos escritores ya manejaban una técnica para provocar el llanto en los lectores.

En la cábala judía, el llanto se utiliza para alcanzar niveles elevados de conciencia y lograr visiones de sabiduría, como una especie de ritual para alcanzar el saber divino.

La famosa frase “lágrimas de cocodrilo” tiene su origen en la observación del llanto de este animal, que sirve para mantener sus ojos humectados cuando sale del agua.

Funciones del llanto

Es evidente que el proceso del llanto es tan complejo que no podemos atribuirle una sola función, sino varias, probablemente todas las antes mencionadas y más.

En el llanto, se liberan hormonas que son consideradas parte del proceso del estrés. El organismo se desintoxica, lo que hace que generalmente una persona que llora se sienta muy aliviada después. Las lágrimas están compuestas generalmente de prolactina, adrenocorticotropa, leu-enkefalino6 y los elementos potasio y manganeso, sin embargo la composición química de las mismas difiere según la emoción que se esté sintiendo. Las lágrimas además contienen una enzima llamada lizozina que se ocupa de matar agentes bacterianos que podrían atacar al ojo, previniendo infecciones oculares.

El llanto del recién nacido implica además de la llamada de auxilio a la madre como señal de hambre, miedo o dolor, una función importantísima del desarrollo pulmonar. El llanto del bebé tiene incluso su propio “lenguaje” y la madre reacciona instintivamente con ciertas conductas determinadas a cada tipo de llanto. La madre sabe cuándo es llanto de hambre y cuándo de enojo o miedo a la soledad.

Son tantas las situaciones que provocan llanto que podemos pensar que es un proceso mucho más complejo que sacar del cuerpo compuestos químicos. Lloramos de tristeza, de miedo, de angustia, de hambre,  de melancolía, de impotencia, de dolor físico, de emoción, de amor, lloramos de risa y lloramos también sin un motivo aparente. Se llora incluso para despejar materiales intrusos que se meten en el ojo o como reacción alérgica a substancias irritantes (al pelar una cebolla por ejemplo).

Aparentemente el llanto parece realizar una función no solo comunicacional sino básicamente equilibrante a nivel químico e incluso muscular del mismo modo que lo hace la risa. Sirve para liberar tensiones e incluso hormonas que luego producen una sensación de placer.

También se producen mayores índices de oxitoxina en nuestro cuerpo, una hormona que propicia el contacto físico y la fidelidad, predisponiendo al amor y al cuidado de terceros.

Cuando hablamos de método comunicacional estamos implicando una función básica en todos los organismos: comunicar a sus congéneres su estado de ánimo. Una función maravillosa que nos sirve para auto-regular nuestra manada humana.

Las focas y las nutrias lloran cuando pierden a sus cachorros, esto es algo que demuestra que es errado el viejo mito de que el humano es el único que llora por emociones.

El humano sí, parece ser el único que utiliza el llanto también como mecanismo de chantaje emocional, auto-povocándose la caidita de lágrimas para lograr el acercamiento de los demás o favores interesados. Esta técnica no solo ha sido utilizada en la literatura o en el cine: es un arma política, sobre todo para aquellos que se benefician de su estado de “víctima” y consiguen así subvenciones de por vida.

La censura sistemática de una función tan vital y necesaria

 Censurar las funciones orgánicas de los individuos ha sido un método de dominación y control ancestral. Una de las estrategias más poderosas del control social (además del miedo) es reducir el potencial del individuo a los mínimos necesarios. Eso implica enseñarle a evitar cualquier propiedad natural con que venga dotado de modo de reducir sus capacidades para poder dominarle fácilmente y sin gastar demasiada energía.

La función del llanto asegura el equilibrio físico y emocional del individuo, lo que lo hace más poderoso.

Y una de las estrategias más utilizadas para introducir información debilitante en la manada humana de rebaño, es encontrar sus mitos y creencias y modificarlas.

No creo que los neanderthales fuesen capaces de parar el proceso de llanto en sus congéneres, tampoco el de la risa, las emociones de nuestros ancestros no eran censuradas, sino que se tomaban por lo que eran, procesos naturales, necesarios y normales.

Sin embargo en las culturas modernas el llanto es censurado sistemáticamente. Se nos ha enseñado que es ridículo llorar en público o en el trabajo, y por ello nos ocultamos cuando tenemos ganas de llorar, o lo que es peor, concientemente “nos aguantamos las ganas” y reprimimos esa función tan importante de válvula de auto-regulación homeostática.

Esto sería como impedirle a la Tierra la erupción de los volcanes. Imagínense cómo se destruiría por dentro nuestro planeta y la cantidad de terremotos que tendríamos si le pusiéramos una tapa en los cráteres de los volcanes…

Si no lloramos cuando lo necesitamos, nuestro cuerpo se enferma.

Llorar tiene que volver a ser lo que es: una función natural y auto-reguladora del organismo.

Una persona que no llora impide la empatía social, impide el equilibrio de la manada e impide que surja su potencial biológico como organismo que con su salud contribuye a la salud de su grupo.

El grupo que no es saludable es más fácil de dominar. Y de allí surgen todas esos virus de información introducidos en nuestras culturas: el “no llores”  implica un claro “debilítate y déjame así controlarte”.

Tenemos que comenzar a deshacernos de los métodos de control biológico por parte de los que necesitan dominarnos y recuperar todas aquellas funciones con las que fuimos ditados por la naturaleza para ser personas poderosas, equilibradas y saludables.

 A llorar señores. El llanto (aunque parezca extraño)  también es una vía hacia la libertad.

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3 respuestas a Lloremos. La maravillosa dinámica biológica del llanto.

  1. Asun dijo:

    Uuuuyyyy……… con lo llorona que yo soy. Tú bien lo sabes.
    ¡Ya sabía yo que lo hacía por salud! jejejejeje.

    ¡Hale, todos a llorar, que hoy toca! 🙂

    Ahora estoy en duda: no sé si mandarte besos o un cesto de lágrimas.

    Bueno, te mando besos. Las lágrimas las pones tú.

  2. Guido Pacheco Jiménez dijo:

    Leía este artículo precisamente porque hoy ha muestro nuestro querido perrito Boxer llamado Mustang. Quería saber porque los hombres no lloramos, o nos tragamos las lágrimas para demostrar que somos fuertes y dominantes. Después de la lectura de este interesante artículo, tengo claro que si alguna lágrima se asoma a mis ojos, debo bendecirla y saber que con ello, estamos superando la pena y robusteciendo nuestra existencia…

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