Los segundos nueve meses, la exterogestación del bebé

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La gestación en los humanos dura aproximadamente 38 semanas, 266 días, desde la concepción hasta el nacimiento. El bebé no es capaz de sobrevivir por sí mismo fuera del útero materno, es un ser indefenso que necesita que se le proporcionen cuidados básicos como alimento, protección y contacto físico permanente.

El nacimiento no es un antes y un después, una separación entre la madre y el bebé, sino una continuación de esa dependencia pero fuera del útero, lo que se conoce como exterogestación del bebé o los segundos nueve meses de “embarazo”.

Nueve meses dentro del vientre, nueve meses fuera

Al menos durante los nueve meses posteriores al parto, el bebé necesita sentir el calor, la protección y el confort que sentía dentro del vientre de su madre mientras se adapta a la vida extrauterina.

Seguro que se os viene a la mente la imagen de la mamá canguro gestando al bebé en su bolsa. Las crías canguro nacen con un estado de desarrollo muy incompleto por lo que se arrastran hasta el marsupio en el vientre de su madre donde necesitan pasar mucho bebiendo su leche hasta que están desarrolladas.

Los seres humanos también nacen poco desarrollados y necesitan continuar “gestándose” fuera del útero. Pero claro, los humanos no tenemos marsupio, esa bolsa que funciona a modo de incubadora, por tanto tenemos que proporcionarle a nuestras crías cuidados similares. ¿Cómo? Con mucho contacto físico piel con piel y crianza en brazos, llevando al bebé en brazos y porteándolo el mayor tiempo posible.

Gestación exterior o exterogestación, ¿qué es?

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Con sólo observar a un bebé recién nacido podemos ver que es incapaz de sobrevivir por sí mismo. Necesita calor, alimento y nuestra protección para saberse fuera de peligro. Tampoco puede comunicarse con palabras, sólo el llanto, ni puede desplazarse por sí mismo como sí hacen otros mamíferos nada más nacer.

En el momento del nacimiento el bebé atraviesa una transformación, pasa de la vida dentro del útero a un mundo completamente diferente. Supone un cambio muy grande, por tanto, esta adaptación debe ser paulatina, necesita seguir sintiéndose dentro del útero materno estando fuera.

La cercanía a la madre durante los primeros meses de vida favorece en el bebé la regulación del desarrollo de sus sistemas aún inmaduros al nacer.

Cuarenta semanas son muy poco tiempo de embarazo

Las 40 semanas de embarazo, 38 desde el momento de la concepción, son muy poco tiempo de gestación para el ser humano.

A lo largo de la historia de la evolución, el embarazo ha ido reduciendo su duración. Debido al aumento del tamaño del cerebro y de la cabeza sumando al estrechamiento de la pelvis el comenzar la bipedestación, los seres humanos han tenido que reducir la madurez de sus sistemas para poder atravesar el canal de parto y poder nacer. La gestación humana se ha tenido que acortar haciendo que naciéramos indefensos e inmaduros.

Los simios nacen apenas dos semanas después que los humanos, pero su nivel de desarrollo es mayor. Mientras que el cerebro humano ha desarrollado un 25 por ciento al nacer, el del simio lo ha hecho el doble. A lo largo de la vida, todos nuestras etapas de desarrollo (infancia, pubertad, adultez) son mucho más largas. Por tanto, el embarazo también debería serlo.

Según Portman, para alcanzar el estado de desarrollo de un mono recién nacido, la gestación del ser humano debería ser de aproximadamente 21 meses. Otro investigador, Kovacks lo fijó entre 18 y 20 meses, mientras que según Bostok la gestación ideal para un ser humano recién nacido sería cuando comienza la locomoción cuadrúpeda (movimiento en cuatro patas), cuando en teoría sería capaz de escapar del peligro por sus propios medios. En el bebé humano esto sucedería al comenzar a gatear, alrededor de los nueve meses, por eso se habla de la exterogestación como los segundos nueve meses.

El cerebro inmaduro del bebé

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El bebé nace con un cerebro muy poco desarrollado. Otros órganos como el corazón o los pulmones han completado su desarrollo para permitirle sobrevivir fuera del útero, pero el cerebro acabará de crecer y madurar fuera.

Al momento de nacer el cerebro establece pocas conexiones neuronales y representa apenas el 25 por ciento del tamaño que tendrá en la edad adulta. De hecho, la mayor parte del desarrollo del cerebro se produce fuera, especialmente en los primeros años de vida alcanzando a los cuatro años 1.000 billones de conexiones neuronales, la mayor en toda su vida.

Es por ello que las experiencias vividas en los primeros años de vida son claves para el desarrollo de su cerebro. Aunque cuando sea adulto recordará muy poco de esos años, todo lo que viva y los cuidados que reciba determinarán en gran medida su vida futura.

Al menos esos segundos nueve meses de “gestación” tras el nacimiento son necesarios para completar mínimamente su desarrollo. A partir de esa edad, entre los nueve meses y el año, el bebé comienza a interactuar con el mundo que le rodea, más allá de sus cuidadores.

El comenzar a desplazarse por sí mismo, gateando y luego por su propio pie, es la evolución natural del ser humano que ahora sí comienza a sentirse confiado para explorar y descubrir lo que el mundo tiene para ofrecerle.

Fotos | Thinkstock

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